Pues sí: ya encontré mi Capitaine Pamphile; el pobre se había quedado abandonado en la maleta de las vacaciones decembrinas, pero, afortunadamente, lo rescaté antes de que ésta volviera al maletero, de donde no saldría en un buen rato.
Puesto que ya había yo empezado con la traducción de Les paradis artificiels, supongo que lo más justo será intercalar los capítulos, así no nos quedamos con las ganas de nada.
Me gustaría prometer, como otra buena noticia, que seré más constante en mi trabajo de traducción, pero eso no depende precisamente de mí, o al menos no del yo al que le apasiona la traducción. Haré lo posible porque esa señorita traductora/escribidora se haga ver con más frecuencia, ¿vale?
Oh... y como casi todo lo bueno, esta nueva viene con una mala: perdí mis avances del complicado tercer capítulo de Le capitaine, así que me toca empezar de cero algo que tomará un bueeen rato. Les adelanto que mi conflicto tiene que ver con tabaco y pipas: No sé nada del asunto, no conozco a ningún apasionado del refinado arte de meter y sacar humo envenenado por la boca y no he hallado libros que me aclaren algunas palabrejas. Ya verán cómo me las arreglo.
Mientras tanto, saludos y chochitos de colores para cualquiera que lea esto.