El primer libro que intenté leer en francés fue, precisamente, Le capitaine Pamphile. No pude; cada palabra me llevaba a un diccionario francés-español que cargaba conmigo a todos lados, y la mayoría de las entradas revisadas me dejaban tirada en callejones sin salida. No terminé el primer capítulo.
Pasaron los años, seguí estudiando francés, me mudé a Francia, seguí estudiando francés, regresé a México, seguí estudiando francés... Y Dumas, esperándome en el librero, muy paciente. Hay pocas emociones más extrañas, placenteras y sorprendentes que comprender casi perfectamente un texto que alguna vez fue inaccesible. Leí página tras página; capté frases que, borrosas e incomprensibles, se habían quedado en mi memoria.
Después de haber estado en su casa, de haber leído escritos de su puño y letra, de haber visto fotografías de sus hijos y de sus amantes, después, sobre todo, de haber vivido en su lengua casi por un año, leer una obra de Dumas en francés me hizo sentir más cerca que nunca de mi autor preferido. Saber que las que tengo entre mis manos son sus exactas palabras, ideas, experiencias y aun sus propios errores es un sentimiento que no cambiaría por ningún otro en este mundo. Es un diálogo entre Alexandre y yo.
Pensar actualmente en la intervención de un tercero (descartando al imprescindible editor) me parece aberrante. Ahora que hablamos la misma lengua, entre Alexandre y yo no debe haber nadie más; somos él y yo. Pero la relación no empezó así; alguien nos presentó, alguien que lo conoció antes. Y en esa sola idea encuentro la magia de la traducción: los traductores crean puentes; son medios, no fines. Para mí, al menos, es ése el ideal. Y a eso aspirará cada una de las entradas de este blog.
No pretendo expresar en español, con exactitud, lo que fue pensado y escrito en francés o inglés; lo considero imposible. Mi más grande deseo es despertar en alguien, por medio de mi lengua, el anhelo de conocer mundos nuevos, de la misma manera en que alguien más hizo esto por mí.
Finalmente quiero advertir que mi manejo del español para estos fines es, si soy sincera, bastante más torpe de lo que me gustaría aceptar, y es ésta la razón por la que cualquier crítica será felizmente bienvenida.
Desde ahora, y por el tiempo que este espacio sea público, agradezco a cualquiera que pase conmigo, con mis amores y amoríos, algunos minutos de su tiempo.
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